El sector del agua en España afronta un déficit de inversión estructural que exige nuevas herramientas para decidir dónde y cómo actuar. En este contexto, tecnologías como el condition assessment de Aganova permiten conocer el estado real de las redes, priorizar inversiones y avanzar desde modelos reactivos hacia una gestión preventiva, resiliente y eficiente.
En los últimos años, el sector del agua en España ha experimentado un aumento de los desafíos estructurales, entre los que destaca con especial gravedad el déficit crónico de inversión en infraestructuras. Según el XVIII Estudio Nacional de Suministro de Agua Potable y Saneamiento (DAQUAS), la brecha entre las necesidades reales y la inversión efectiva supera los 4.400 millones de euros anuales. Esta carencia no solo limita la capacidad de renovación de redes, sino que pone en riesgo la sostenibilidad del sistema, especialmente ante fenómenos climáticos extremos y una creciente presión demográfica en entornos urbanos.
Las redes de abastecimiento y saneamiento muestran signos evidentes de envejecimiento. Más del 50% de la red de alcantarillado tiene más de 40 años, y en el caso del abastecimiento, un tercio ya supera ese umbral. Sin embargo, las tasas de renovación actuales se sitúan en niveles muy bajos: apenas un 0,54% anual en abastecimiento y un alarmante 0,12% en alcantarillado. A este ritmo, harían falta siglos para sustituir completamente las infraestructuras existentes.
Este contexto plantea una paradoja: la urgencia por actuar convive con una disponibilidad limitada de recursos. La pregunta ya no es si debemos invertir, sino cómo priorizar esas inversiones de forma racional, técnica y eficiente. Aquí es donde entra en juego un concepto clave para el futuro de la gestión del agua: conocer para decidir.
Del mantenimiento reactivo a la gestión preventiva
La transición desde modelos reactivos, centrados en responder a averías y roturas, hacia estrategias preventivas basadas en el conocimiento del estado real de las infraestructuras, es ya una necesidad inaplazable. Esta transformación se apoya en herramientas tecnológicas capaces de ofrecer diagnósticos fiables, rápidos y no invasivos. El condition assessment se erige como una de las soluciones más innovadoras en este campo.
Gracias al desarrollo de tecnologías como las de Aganova, los operadores pueden ahora evaluar el estado interno de las conducciones sin necesidad de abrir zanjas ni interrumpir el servicio. A través de dispositivos que se desplazan por el interior de las tuberías impulsados por el propio flujo del agua, es posible detectar fisuras, corrosión, bolsas de aire o zonas con alto riesgo de rotura. La información obtenida no solo permite identificar los puntos críticos, sino también proyectar el comportamiento futuro de la red en función de sus condiciones reales.
Este tipo de diagnósticos marcan un antes y un después en la toma de decisiones. Frente a metodologías tradicionales que priorizaban la renovación por criterios de antigüedad o intuición, el condition assessment aporta datos objetivos que permiten dirigir los recursos allí donde se necesita realmente. No todas las tuberías viejas están en mal estado, ni todas las nuevas están exentas de riesgo. Conocer, con precisión y anticipación, es la base para decidir con rigor.
Eficiencia, sostenibilidad y resiliencia en la gestión del agua
Además del impacto en la eficiencia operativa, estas tecnologías aportan valor en términos de sostenibilidad y resiliencia. En un entorno marcado por la crisis climática, con sequías prolongadas e inundaciones más frecuentes, contar con redes robustas y bien mantenidas se convierte en un imperativo. La prevención de fugas no solo evita pérdidas de agua —un recurso cada vez más escaso—, sino que también reduce emisiones asociadas a bombeo y tratamiento, y minimiza la huella de carbono del ciclo urbano del agua.
El informe DAQUAS también destaca la necesidad de impulsar la digitalización del ciclo del agua. En este sentido, el condition assessment representa una palanca clave dentro de los procesos de transformación digital. Los datos recogidos por las inspecciones pueden integrarse en plataformas de gestión avanzada, alimentar modelos predictivos y facilitar una planificación dinámica basada en evidencia. De este modo, el conocimiento no se limita a la evaluación puntual, sino que se convierte en un recurso estratégico para toda la organización.
Un cambio cultural en la gestión de infraestructuras
La visión preventiva, basada en la anticipación, requiere además un cambio cultural. Supone abandonar la lógica del parcheo urgente para abrazar una planificación proactiva, sistemática y a largo plazo. También implica una apuesta decidida por la formación de los equipos, la colaboración público-privada y la incorporación de nuevos perfiles técnicos. Pero sobre todo, demanda liderazgo institucional y compromiso con la innovación como motor de cambio.
Afortunadamente, existen señales positivas. El impulso de la administración pública a través del PERTE de digitalización ha movilizado inversiones significativas, aunque todavía insuficientes. La colaboración entre operadores, centros de investigación y empresas tecnológicas como Aganova demuestra que es posible avanzar hacia una gestión más inteligente del agua. Una gestión que no espera a que algo se rompa para actuar, sino que se anticipa, se prepara y se adapta.
Perspectiva internacional: de la experiencia local a la visión global
La necesidad de avanzar hacia modelos preventivos no es exclusiva del contexto español. A nivel internacional, numerosos países han reconocido que la eficiencia en la gestión del agua pasa necesariamente por conocer el estado real de sus redes. En este ámbito, Estados Unidos ofrece un ejemplo ilustrativo.
Con una gran parte de sus infraestructuras hidráulicas construidas a mediados del siglo XX, muchas ciudades estadounidenses se enfrentan hoy a redes que superan los 50 años de antigüedad. Este envejecimiento ha impulsado una cultura de inspección sistemática y planificación estratégica, con el condition assessment como herramienta central para decidir dónde y cuándo intervenir. Programas federales, como el Drinking Water State Revolving Fund, canalizan miles de millones de dólares cada año a proyectos de mejora de infraestructuras, muchos de ellos apoyados en evaluaciones técnicas detalladas que permiten optimizar los recursos.
Ciudades como Chicago, Boston o Los Ángeles ya cuentan con sistemas avanzados de inspección en línea, sensores remotos y plataformas digitales que integran los resultados de los análisis de condición para priorizar inversiones y evitar fallos catastróficos. Esta visión, basada en datos, ha permitido no solo mejorar la fiabilidad del suministro, sino también aumentar la transparencia ante la ciudadanía y facilitar el acceso a financiación pública.
De forma similar, países como Australia, Canadá, Alemania o los Países Bajos han adoptado enfoques proactivos basados en el diagnóstico continuo del estado de las redes. En todos los casos, la tendencia es clara: conocer primero para decidir mejor. Y cuanto más compleja o extensa es la infraestructura, más necesario es contar con herramientas tecnológicas que reduzcan la incertidumbre y anticipen los problemas.
España, con una red igualmente extensa y diversa, no puede permitirse quedar rezagada en este cambio de paradigma. Más allá de la comparación directa con otros países, lo que demuestra la experiencia internacional es que la prevención es más eficaz, más económica y más sostenible que la reparación.
Aganova, tecnología al servicio de la prevención
En este nuevo escenario, empresas como Aganova aportan soluciones diferenciales. Su propuesta tecnológica se basa en dispositivos no intrusivos, como la esfera Nautilus, que recorren el interior de las tuberías impulsados por el flujo del agua. Durante su trayecto, capturan datos sobre la integridad estructural de la conducción, identificando fisuras, deformaciones, corrosión, bolsas de aire o puntos críticos que no serían visibles desde el exterior. Esta tecnología no requiere cortes de suministro ni obras civiles, lo que la convierte en una solución altamente eficiente y operativamente compatible con redes en servicio.
Además, Aganova ha desarrollado un ecosistema completo de soluciones complementarias, como Jábega, que combina inspección visual, ultrasónica y acústica; y Nemo, una plataforma digital que centraliza los datos recogidos y permite analizarlos de forma visual, integrada y orientada a la toma de decisiones. De este modo, los resultados del análisis de condición se transforman en inteligencia operativa, facilitando la planificación de intervenciones, la gestión de activos y la justificación técnica de inversiones.
La propuesta de Aganova responde a una necesidad clave del sector: actuar con conocimiento, minimizar riesgos, optimizar costes y avanzar hacia redes más resilientes. Con presencia en más de 60 países y un enfoque colaborativo con operadores públicos y privados, la empresa se posiciona como un actor estratégico para hacer realidad el paso de la urgencia a la prevención.
En definitiva, el futuro de las infraestructuras hídricas pasa por transformar la manera en que se entienden, se diagnostican y se priorizan las decisiones. El conocimiento del estado real de las redes no es un lujo, es una necesidad. Y tecnologías como el condition assessment no son solo una herramienta técnica, sino una estrategia de supervivencia para garantizar que el agua, ese recurso básico y derecho humano, siga fluyendo con calidad, seguridad y eficiencia para las próximas generaciones.





