La rápida expansión de la inteligencia artificial y la computación en la nube ha situado a los centros de datos en el centro de un debate cada vez más intenso sobre el uso del agua.
A medida que se proyectan nuevas instalaciones en todo el mundo, crece la preocupación por su impacto sobre los recursos hídricos locales. Y es una preocupación legítima. Los centros de datos necesitan agua, directa o indirectamente, en función de sus sistemas de refrigeración, las fuentes de energía que utilizan y las condiciones de operación de cada instalación. En regiones sometidas a estrés hídrico, cualquier incremento de la demanda merece un análisis riguroso.
Sin embargo, hay otra parte de la ecuación que recibe mucha menos atención: el agua que ya tenemos, que captamos, tratamos y transportamos, pero que perdemos antes de que llegue a su destino.
Antes de preguntarnos si una región dispone de suficiente agua para albergar un nuevo centro de datos, una instalación industrial o un desarrollo urbanístico, quizá deberíamos plantearnos otra cuestión:
¿Cuánta agua podríamos recuperar mejorando las infraestructuras que ya tenemos?
La escasez de agua también es un problema de infraestructuras
Cuando hablamos de disponibilidad de agua, el debate suele centrarse en la oferta y la demanda. ¿De cuánta agua disponemos? ¿Cuánta necesitarán la agricultura, las ciudades y la industria? ¿Cómo afectará el cambio climático a los recursos hídricos del futuro?
Pero entre la oferta y la demanda existe otra variable fundamental: la eficiencia de las infraestructuras.
La magnitud del problema es considerable. En su discurso sobre el Estado de la Unión de 2026, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, destacó que las redes de distribución europeas pierden casi uno de cada cuatro litros de agua, principalmente debido a las fugas. Además, vinculó directamente estas pérdidas con la disponibilidad de agua para la industria y la seguridad alimentaria, y anunció una nueva iniciativa europea en materia de agua.
Este dato obliga a cambiar la perspectiva. Mientras Europa debate cómo garantizar el suministro de agua a los hogares, la agricultura, el sector energético y la industria, aproximadamente una cuarta parte del agua que circula por sus tuberías se pierde por el camino.
Algunas fugas son visibles, pero otras pueden permanecer ocultas bajo tierra durante meses e incluso años, especialmente en conducciones de gran diámetro, donde los métodos convencionales de detección resultan difíciles de aplicar.
Se trata de agua que ya ha sido captada, tratada, bombeada y transportada. Perderla no supone únicamente desperdiciar un recurso natural escaso, sino también desaprovechar la energía, los productos químicos, la capacidad de las infraestructuras y los costes operativos invertidos para ponerla a disposición de los usuarios.
Aquí es donde las tecnologías de detección de fugas, monitorización del estado de las conducciones y evaluación de su integridad pueden desempeñar un papel estratégico. Las soluciones avanzadas de inspección permiten a los operadores conocer qué ocurre en el interior de sus infraestructuras críticas, localizar pérdidas ocultas y establecer prioridades de intervención.
Recuperar parte de esa agua representa, por tanto, una de las oportunidades más inmediatas para aumentar la disponibilidad de un recurso que ya tenemos, sin necesidad de desarrollar nuevas fuentes de suministro.
Del consumo de agua a los proyectos de reposición hídrica
En este contexto, el concepto de water replenishment, o reposición hídrica, está adquiriendo una importancia creciente.
En lugar de limitar sus esfuerzos a reducir el consumo de agua dentro de sus propias instalaciones, cada vez más empresas están invirtiendo en proyectos que van más allá de su actividad directa y que generan beneficios hídricos medibles en las cuencas y comunidades donde operan.
Las grandes compañías tecnológicas se encuentran entre las principales impulsoras de esta transformación.
Microsoft se ha comprometido a alcanzar un balance hídrico positivo en 2030 y ha incorporado la detección de fugas a su estrategia de reposición hídrica. Entre sus iniciativas figuran proyectos desarrollados junto a operadores de agua para identificar pérdidas ocultas en redes existentes y facilitar su reparación, de modo que una mayor cantidad de agua permanezca disponible para las comunidades.
Google, por su parte, se ha fijado el objetivo de reponer, de media, más agua dulce de la que consume en sus oficinas y centros de datos para 2030. Meta también ha establecido una meta de balance hídrico positivo para ese mismo año, mientras que Amazon está invirtiendo en iniciativas de eficiencia y reposición hídrica vinculadas a las comunidades donde desarrolla su actividad.
Estas estrategias reflejan una evolución importante en la gestión corporativa del agua: el objetivo ya no consiste únicamente en consumir menos, sino también en contribuir activamente a mejorar los sistemas hídricos de los que dependen tanto las empresas como las comunidades.
¿Y si el agua que necesitamos para crecer ya estuviera en nuestras redes?
La detección de fugas ofrece un modelo especialmente interesante porque sus resultados pueden ser directos, locales y medibles.
En lugar de compensar teóricamente su consumo de agua mediante actuaciones en otros territorios, una empresa puede contribuir a identificar y reparar fugas en la misma cuenca hidrográfica donde utiliza el recurso. De esta manera, el volumen recuperado permanece disponible dentro del sistema.
Para hacerlo posible, es necesaria la colaboración entre empresas, operadores de agua y proveedores especializados en tecnologías de detección de fugas y reducción de pérdidas. La inspección de las conducciones permite identificar fugas que, de otro modo, podrían pasar inadvertidas y proporciona a los operadores información precisa para planificar y ejecutar las reparaciones.
Aganova ya está aplicando este modelo en distintos proyectos desarrollados junto a grandes compañías tecnológicas y operadores de agua.
En Bérgamo (Italia), Amazon y Aganova colaboran con el operador Uniacque en un programa de detección de fugas mediante inteligencia artificial en conducciones de gran diámetro. Se espera que esta iniciativa permita ahorrar aproximadamente 200 millones de litros de agua al año, cuyos resultados se verificarán mediante la metodología Volumetric Water Benefit Accounting, utilizada para cuantificar los beneficios hídricos de este tipo de proyectos.
En Recife (Brasil), Amazon y Aganova trabajan con el operador local Compesa para reducir las pérdidas de agua en una cuenca situada al sur de la ciudad. El proyecto contempla la inspección de aproximadamente 69 kilómetros de conducciones de gran diámetro mediante tecnologías avanzadas de inspección en línea y análisis de datos con inteligencia artificial. Una vez finalizado, se espera recuperar 165 millones de litros de agua al año, el equivalente a 66 piscinas olímpicas, contribuyendo además a reducir la presión sobre el acuífero de Boa Viagem.
En Dublín (Irlanda), Aganova participa junto a Microsoft, Uisce Éireann y SUEZ en una iniciativa de reposición hídrica centrada en conducciones estratégicas de la red de abastecimiento. Actualmente, alrededor del 33% del agua potable de Dublín se pierde antes de llegar a los consumidores, mientras que el 84% del suministro de la ciudad procede del río Liffey. Mediante la identificación de fugas ocultas y la ejecución de reparaciones específicas, el proyecto busca reducir las pérdidas de la red y, en última instancia, disminuir el volumen de agua que es necesario captar del río.
Asimismo, Aganova y Microsoft han desarrollado un proyecto de reposición hídrica en España junto a la Mancomunidad de Aguas del Sorbe, aplicando inteligencia artificial y tecnologías avanzadas de detección de fugas para reducir las pérdidas en infraestructuras hídricas críticas.
Estos proyectos plantean una nueva forma de entender la relación entre las infraestructuras digitales y las infraestructuras del agua.
Un programa eficaz de detección y reparación de fugas puede recuperar un volumen de agua comparable e incluso, dependiendo de las características de la red y de las instalaciones, superior al que consumen las infraestructuras de las empresas que contribuyen a financiarlo.
Y hay un aspecto especialmente importante: el agua recuperada no queda reservada para la empresa que financia el proyecto, sino que permanece disponible en el sistema.
Puede destinarse al abastecimiento de hogares, hospitales, empresas, explotaciones agrícolas y otras industrias con un elevado consumo de agua. También permite reducir la presión sobre ríos, embalses y acuíferos. Y, al disminuir la necesidad de captar, tratar y bombear agua de forma innecesaria, contribuye a reducir el consumo energético y las emisiones asociadas.
El debate no debería enfrentar a los centros de datos con el agua
Nada de lo anterior significa que debamos dejar de evaluar la huella hídrica de los centros de datos.
La planificación de nuevas instalaciones debe tener en cuenta la disponibilidad local de agua, las condiciones de cada cuenca hidrográfica, la capacidad de las infraestructuras y las necesidades de los distintos usuarios. Del mismo modo, mejorar la eficiencia hídrica dentro de los propios centros de datos sigue siendo fundamental.
Sin embargo, limitar las nuevas demandas sin abordar las pérdidas existentes significa actuar únicamente sobre una parte del problema.
En muchas regiones, el desafío no consiste simplemente en disponer de más agua, sino en gestionar mucho mejor la que ya tenemos.
Para ello, es necesario combinar la inversión en la renovación de redes envejecidas con una mejor evaluación del estado de las conducciones, tecnologías avanzadas de detección de fugas, análisis de integridad de las infraestructuras, reparaciones más rápidas, reutilización del agua y, cuando resulte adecuado, el desarrollo de fuentes alternativas de suministro.
Desde la perspectiva de un operador de agua, elegir la tecnología y el proveedor adecuados para inspeccionar sus conducciones deja de ser una decisión exclusivamente operativa. Puede convertirse en parte de una estrategia mucho más amplia para aumentar la disponibilidad de agua y reforzar la resiliencia de las infraestructuras.
Pero esta transformación también requiere nuevos modelos de financiación.
Los proyectos de reposición hídrica ofrecen una fórmula interesante porque conectan los compromisos corporativos en materia de agua con necesidades de inversión en infraestructuras que los operadores no siempre pueden afrontar por sí solos. Las empresas tecnológicas aportan financiación; los operadores identifican las zonas prioritarias y ejecutan las reparaciones; las compañías especializadas en tecnología del agua proporcionan las herramientas necesarias para localizar y cuantificar las pérdidas; y las comunidades se benefician de un sistema de abastecimiento más eficiente y resiliente.
El impacto de estas actuaciones puede ir mucho más allá de la huella hídrica de un centro de datos concreto.
De competir por el agua a invertir en resiliencia hídrica
La expansión de la inteligencia artificial seguirá intensificando el debate sobre los recursos necesarios para sostener las infraestructuras digitales. Y el agua debe ocupar un lugar destacado en esa conversación.
Pero el debate resulta mucho más constructivo cuando dejamos de plantearnos únicamente cuánto agua consumirá un nuevo centro de datos y ampliamos la pregunta: ¿cómo podemos aprovechar las inversiones asociadas a las nuevas infraestructuras para aumentar la disponibilidad de agua para todos?
La respuesta dependerá de las características de cada cuenca hidrográfica. No existe una solución universal, y los proyectos de reposición hídrica no pueden sustituir al uso responsable del agua ni a una planificación adecuada de las infraestructuras.
Sin embargo, en un contexto en el que Europa pierde casi uno de cada cuatro litros de agua transportados por sus redes, la reducción de fugas debería ocupar un lugar central en cualquier debate sobre la disponibilidad futura de este recurso.
Antes de asumir que el crecimiento económico, las nuevas industrias o las infraestructuras digitales necesitan necesariamente más agua, deberíamos conocer cuánto podemos recuperar de los sistemas que ya tenemos.
Porque, en ocasiones, la fuente de agua más sostenible no es una nueva captación. Sino el agua que conseguimos dejar de perder.





